Alejandro Ríos es profesor de geografía y, por tercer año consecutivo, dedica sus vacaciones a dictar clases de apoyo gratuitas en la Plaza San Martín. Ante la crisis y la deserción, su vocación se convierte en el último refugio para estudiantes que llegan, incluso, sin saber leer ni escribir.
Alejandro Ríos es profesor de geografía y, por tercer año consecutivo, dedica sus vacaciones a dictar clases de apoyo gratuitas en la Plaza San Martín. Ante la crisis y la deserción, su vocación se convierte en el último refugio para estudiantes que llegan, incluso, sin saber leer ni escribir.
En el corazón de la plaza San Martín de Paso de los Libres, donde el ruido de la ciudad suele mezclarse con el murmullo de las vacaciones, hay un rincón que desafía la lógica del descanso estival. Allí, entre bancos de cemento y el clima impredecible del verano de la frontera, el profesor Alejandro "Grillo" Ríos sostiene una trinchera educativa.
No hay aire acondicionado ni paredes, pero sobra algo que el sistema a veces olvida: la voluntad de servicio.La iniciativa, que comenzó hace tres años como una respuesta a la cruda realidad socioeconómica, busca acompañar a aquellos jóvenes que no pueden costear un profesor particular para rendir sus materias en febrero. "Vi que era una necesidad, algo que estaba faltando", explica Alejandro en una entrevista que brindó a Telediez, quien a pesar de ser especialista en geografía, termina convirtiéndose en tutor, guía y confidente de chicos con dificultades en todas las áreas.
Sin embargo, detrás de la noble tarea de repasar mapas o fórmulas matemáticas, se esconden realidades que estremecen. El docente relata conmovido situaciones que exponen las grietas profundas de la alfabetización actual. En uno de los momentos más impactantes de su labor, descubrió que uno de sus alumnos, ya avanzado en el nivel secundario, no sabía leer ni escribir.
"¿Qué hago?", se preguntó Ríos ante la carpeta vacía de un adolescente que el sistema había dejado pasar sin las herramientas más básicas. En lugar de rendirse o derivar la responsabilidad, el profesor apeló a su formación y a la sensibilidad humana para explicarle al joven que su futuro dependía de esa nueva oportunidad.
A pulmón, cargando su propio celular para darles internet y costeando fotocopias de su bolsillo, Alejandro demuestra que la educación no es solo un trámite administrativo, sino un acto de amor y compromiso social.
Aunque este año la Municipalidad ha ofrecido espacios físicos con mayores comodidades, el espíritu de las "clases en la plaza" permanece intacto: entender que cada estudiante es un mundo y que, a veces, un banco en una plaza puede ser el lugar más importante del universo para quien busca no rendirse.
Para Alejandro, el desafío no es que memoricen, sino que razonen y se sientan escuchados. En un tiempo donde la indiferencia parece ganar terreno, su "locura" —como la llaman algunos colegas— es, en realidad, la forma más pura de cordura: la de un maestro que se niega a soltarle la mano a sus alumnos.